Después de un embarazo líndisimo, el show comenzó con algunas contracciones de ensayo, cansancio y una fuerte sospecha de que la hora se acercaba rápidamente. Luego se empezó a poner bueno cuando se rompió la fuente y tenía un ligero goteo, siguió pasando el tiempo por que no sentía mucho las contracciones, hasta que mi Dr. me dió seguimiento, me mandaron hacer un ecosonograma para revisar la cantidad de líquido amniótico que quedara y verificar la situación del bebé, eso fué el jueves 27 por la mañana y como todo estaba bien decidimos dar un día más. Sin embargo por la noche el goteo pasó a chorro y nos encaminamos al hospital, una vez ahí me revisaron y ya traia 2cm de dilatación y el cuello se había borrado, a pesar de no sentir mucho las contracciones éstaban seriamente declaradas y haciendo su trabajo. Pasamos la noche en el hospital y a las 6am aprox volvimos a revisar y no había cambio, había que tomar una decisión y así lo hicimos el bebé por algo no había descendido nada, su corazón estaba trabajando muy bien a su ritmo y no íbamos a esperar a que eso cambiara.
Como por arte de magia comenzé a sentir las contracciones “de las buenas” un dolor intenso, que mis respetos a todas las mujeres que han pasado por ahí; es impresionante, pero la decisión estaba tomada ya había muchos indicios de que parto vaginal no podría ser aunque no estábamos seguros del por qué.
Mientras me preparaban para la cirugía yo seguí disfrutando de una tras otra contracción, me revisaron la presión y estaba altísima lo cuál disparó la alarmas de los médicos sin embargo cuando me pusieron la epidural la verdad ni me dolió nada y mi presión se regularizó. La preparación continuaba, la epidural hizo su efecto y yo comenzé a preguntar por mi marido hasta que estuvo a mi lado tomándome la mano pero sobre todo sosteniendo mi alma con su amor, manteniéndome aquí.
Alexis Iván nació a las 9:05 y después de limpiarlo lo colocaron en mi pecho y entonces los médicos empezaron a dar órdenes, a movilizarse, me avisó la anestesióloga que me iba a colocar más anestesia y que me podría sentir mareada, Alexis lloraba, yo lloraba de emoción y me podía dar cuenta de que algo pasaba pero no sabía exactamente que; podía sentir la premura de los médicos, yo me sentía ir y venir, me colocaron sangre pues estaba perdiendo mucha y en una de las veces que cerré los ojos me decía a mi misma: “yo quiero vivir” una y otra vez.
Escuché útero entre tantas cosas que comentaban los médicos y pensé: “que me lo saquen, yo quiero vivir”. En otra de las ocasiones que cerré los ojos, pude sentir a mi corte celestial que estaban ahí para ayudarnos, así pasó el tiempo hasta que me avisaron que ya todo estaba bien, que me iban a comenzar a cerrar. Prepararon al bebé para llevarlo a la habitación junto a su papá y una vez que terminaron conmigo me llevaron a recuperación. Durante las 2.5 hrs que estuve ahí, desperté rápidamente, me sentía feliz de saberme viva y lo único que quería era salir brincando de esa maldita cama y abrazar a mi bebé, aunque lo único que podía hacer en ese momento era llamar por teléfono a la habitación y preguntarle a mi marido y a mis papás como estaba el bebé.
Tuve que mantenerme inmóvil y en ayuno absoluto durante 24 horas, tenía una congestión nasal espantosa, mucha sed, pero tal era mi deseo de atender a mi bebé que mi recuperación fué mucho más rápida de lo que todos esperaban. Lo que es tener la motivación correcta.
Hasta que estuve más recuperada mi Dr. me explicó cuál había sido la situación, yo presenté una rara complicación que se llama Placenta Acreta, esto es a grandes rasgos que la placenta estaba adherida/enraizada al útero, y pasaron varias horas separándola con mucha paciencia y fé para salvar mi útero. A pesar de los ecosonogramas nunca hubo indicios ni sospechas de que yo tenía esto. Creo que el único que sabía que las cosas no estaban “normales” era el bebé pues aunque se acomodó, nunca descendió, incluso mi maestra de yoga nos dijo un día que ella sentía que la actitud del bebé era despreocupada como diciendo “naaah ya naceré”.
Por todo esto la lactancia fue muy difícil para mí, físicamente me recuperé rápido, pero emocionalmente han sido muchos altibajos, mucha presión para lograr que me bajara la leche, para que el bebé aceptara mi pecho cuando ya la tenía fácil con la alimentación de fórmula, etc. Me he llegado a sentir la más chafa del mundo y decepcionada de mi cuerpo, algo así como “maldito me la hiciste buena”. Pero respiro profundo, veo mi milagro que me hizo San Judas Tadeo por que Alexis nació el 28 de Octubre y sé que esto ha sido por algo y que algún día entenderé para qué, lo importante es que puedo hacer lo que más había deseado que es abrazar, atender y adorar a mi propio bebé. Y me comienzo a sentir muy agradecida por el apoyo de mi marido que se portó increíblemente valiente, amoroso y atento al estar conmigo durante toda la cirugía, agradecida de haber tomado la mejor decisión al elegir a mi equipo médico de Nacer en Plenitud, a mis papás y a el resto de los angelitos que nos ayudaron tanto.
Eso sí dice mi Dr. que como ni se imaginaban que iban a encontrar tal relajo ahí adentro, me hicieron una rajada DI-VI-NA que ni se va a notar. La rajada que quedó en mi mente, depende totalmente de mí trabajarla para poder sacarle el mejor provecho.
Gracias por leerme.